Atravesando todas estas semanas de Pascua, hemos llegado a la gloria de la Ascensión. Nos hemos dado cuenta que las lecturas celebran la manifestación del grandioso poder de Dios. Pero ¿en qué consiste este poder? Miramos a  Cristo: lo ha  dado todo: el sudor, la sangre y la vida por nosotros.  Esta es la inmensidad de Dios, su Amor. Y si no hemos tenido bastante, somos bautizados con el Espíritu Santo y recibiremos su fuerza para ser sus testigos hasta el confín dela tierra.

Con todo, los humanos tenemos dudas. El Evangelio lo dice, unos se postraban pero otros, aún después de ver, tocar, hablar… dudaban y dudamos. Somos  tentados en la fe, no nos creemos las palabras de nuestro Señor, nos resulta difícil. Pero ¡ojo! Las tentaciones pueden ser útiles para sortearlas, con ayuda del Espíritu Santo.

La lectura de los “Hechos”, tiene un aspecto que nos consuela en nuestra debilidad. Después de pasar tantos días con Cristo resucitado, aún le preguntan por la política concreta, por la instauración de un reino  en Israel. ¡Qué santa paciencia tiene con nosotros!  Asistimos a la despedida de Jesús resucitado de sus discípulos, en ese momento de ascensión con el Padre aprovecha para dejarles la fuerza del Espíritu Santo y enviarlos a predicar y hacer discípulos a todos los pueblos, bautizándolos y enseñándoles a guardar lo que les había enseñado. En palabras de San Antonio, la Ascensión da sentido a la Resurrección para ir al Reino, eleva la tierra al cielo, para hacerla cielo. ¡Es nuestra oportunidad! El fin de la Resurrección es llegar al Cielo, es lo que nos ofrece Jesucristo hoy (y siempre, claro) Y esto es lo que tenemos que ofrecer a nuestros hermanos: la esperanza en una vida eterna, junto a Jesús. 

Somos conscientes de que proclamar esta verdad hoy es difícil, en un mundo que quiere dar la espalda a las realidades últimas. Pero, qué se le va a hacer, es la tarea que Jesucristo nos pone, y no necesita muchas interpretaciones, todos somos capaces de entenderla.

¡A ello nos ponemos Señor, aunque mejor que nos digas Tú como quieres que lo hagamos!

Hoy celebramos a María Auxiliadora, una buena advocación para nuestra madre en estos tiempos de dolor y enfermedad.  ¡Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

Caminantes

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