Hoy nos tenemos que centrar obligadamente en el Espíritu Santo, pero no solo en Él.

Cuando leemos en los Hechos cómo se manifestó entonces este Espíritu,  nos viene a la cabeza el viento muy fuerte, que incluso se oye fuera de la estancia donde  estaban los Apóstoles, las lenguas como de fuego. Y hemos ido recordando otras imágenes a lo largo de la Escritura: el viento suave que oyó Elías, el aleteo sobre la faz de las aguas que veíamos en el Génesis, la paloma que se depositó en Jesús en el Bautismo, como una sombra que trasforma a María. Lo que queda claro es que el Espíritu se manifiesta en total libertad, no es encuadrable en un esquema. Por eso hay que escuchar, mirar, diríamos también que palpar y oler todas las situaciones de la vida porque ahí puede estar llamándonos.

Pero ¿en qué nos trasforma, a qué nos llama? Al amor, no puede ser de otra manera. El lenguaje del Espíritu Santo es variado, pero el mensaje solo puede ser el Bien.  Aquello que nos mueve al amor, aquello que nos saca del egoísmo, que nos hace preocuparnos por otros aquello que  realmente es “Aquél”, eso es el Espíritu Santo.

Hay otra idea que está unida sin duda a toda esta reflexión y viene de la 2ª lectura. Hoy en día hay mucha gente que afirma creer en Jesús o en Dios pero no en la Iglesia. ¡Enorme error! Es imposible, porque la Iglesia es el cuerpo de Jesucristo: cuando amamos a alguien no amamos sus ideas o sus ojos y aborrecemos sus manos, es imposible. Amamos por completo. Y  el Magisterio,  la Tradición,  los Sacramentos,  los Santos,  también  la Caridad, todo ello es  “Iglesia”. No sé yo si somos conscientes y somos capaces de trasmitirlo, aunque la parte “humana” de la Iglesia, sea a veces enormemente pecadora.

Hay un regalo final de este domingo: la Paz y el Perdón. Están unidos, solo en el perdón está la paz auténtica, pero somos conscientes de que no nos resulta fácil ni pedir perdón ni concederlo. Por eso frecuentemente no tenemos paz.  ¡Pero por eso mismo viene Jesús a rescatarnos!

Gracias Señor, por regalarnos tanto: El Espíritu Santo, la Iglesia, la Paz, el Perdón.  No tenemos vida suficiente para agradecer esta enormidad (y hay más regalos…)

Caminantes

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