Hoy nos hemos reunido para leer las lecturas de este domingo con un ánimo algo lento o fatigado por tantos días de encierro más o menos forzoso. Y de lo primero que aparece hoy en las lecturas: una ciudad no muy apreciada, que entonces sentían los judíos como pagana: Samaría, que se llena de ALEGRÍA. Se alegra por la Palabra de Dios. Nuestra ciudad, pese a todos los inconvenientes, ha tenido acceso a la Palabra, por la tele, la radio, los canales de internet, y más. Igual nos falta un poco de esa imposición de las manos y de recibir el Espíritu. ¡Qué buen motivo para recordar cada uno de nosotros nuestra Confirmación y renovarla!

Y este sacramento nos va a ayudar a meditar la segunda lectura y el Evangelio. Porque es la fuerza, la pasión del Espíritu Santo, quien nos capacita para dar razón de nuestra esperanza: en los momentos buenos y en los menos buenos, cuando sopla el viento de popa o cuando el coronavirus nos apabulla. Cuando estamos sanos o cuando la enfermedad o el miedo nos atenazan. Es el Espíritu Santo quien nos va a permitir hablar a tiempo y a destiempo de Jesucristo. Y a vivir en la verdad, en la coherencia entre lo que hablamos y vivimos.

Ya nos dice Jesús: “…le pediré al Padre que os dé otro Paráclito que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”. Ha surgido entre nosotros la pregunta que hacía Pilatos a Jesús: “¿qué es la verdad?”.  En nuestros días, estas preguntas fundamentales sobre la vida y la muerte, sobre nuestro destino y nuestro origen, sobre la existencia y su sentido, no parecen que ocupen la lista número uno de preocupaciones. Y sin embargo son el meollo sobre el que hemos podido reflexionar en todos estos días de confinamiento. Y sobre la Verdad. Nosotros podemos decir como papagayos, que Jesús es la Verdad. Pero esto ¿qué quiere decir para nosotros?

Hay otro aspecto hoy a considerar: la soledad. Nos hemos sentido un poco solos en esta pandemia. Las puertas de los templos cerradas, la ausencia de Eucaristía presencial… pero es una tentación. Porque por la fe sabemos que Jesús no nos dejará huérfanos, volverá a nosotros.

Tenemos una semana por delante para pensar en la Verdad de Jesucristo y en la Fe. ¡Animo!

Caminantes

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