Hace un año celebrábamos esta fiesta como corresponde: pudimos acudir a alguna procesión y de rodillas, adorar a Jesús en la Hostia, poner en los distintos altares flores e incienso y ofrecerle nuestras situaciones y vida. Otros pudieron pasar la noche en vela, preparando la fiesta y dando gloria al Amor de los Amores. Los niños que habían hecho la Primera Comunión sacaron sus trajes del armario, para presentarse al Señor de nuevo, con pureza, con alegría, con corazón festivo. Acudimos a la Misa, y sentimos el calor de los hermanos y también del termómetro…

Este año es muy diferente: ni procesiones, ni vigilias, ni misas abarrotadas, ni niños. Nos centraremos en una celebración austera. Sí. Pero no podemos olvidar lo que es el centro neurálgico y vital: Jesucristo, presente realmente en la Eucaristía. Esta fiesta se estableció porque había mucho pueblo cristiano y muchos sacerdotes que no creían en este Misterio. Es un momento para que repasemos  cómo celebramos nosotros la Eucaristía, cómo la vivimos, cómo la preparamos al menos cada domingo para realmente dar gloria  a Dios.

Si algo hemos pasado estos meses es hambre. Hemos vivido la carencia del Pan de Vida, mirábamos al televisor o a otras pantallas, pero hemos sentido hambre real de Jesucristo. Sabemos lo necesario que es comulgar estando en condiciones de ello, para sostener la fe. A medida que han ido pasando los días y las semanas de confinamiento la falta se hacía mayor: nuestra vida espiritual depende, se nutre, crece y se fortalece en la Eucaristía, que es decir Cristo. Es impepinable, si nos alejamos de Jesús Vivo, nos quedamos mortecinos. 

Hay que sacar provecho de esta “dieta” forzosa que nos han puesto, y recuperar el sentido de la Liturgia, de las oraciones que se dicen, de saborear la Palabra y por supuesto de adorar con cuerpo y alma a Jesús presente en la Eucaristía.

De esta  raíz surgirá un árbol frondoso: la Caridad. Miles de ramas tiene este árbol: el apoyo en Cáritas, la colaboración con la parroquia, la ayuda concreta a los hermanos que están en precario, el apoyo a misioneros, los proyectos para los más desfavorecidos como ancianos, madres, niños, sintecho, extranjeros, cárceles, drogodependientes…. Cada uno que ponga lo que siente en su corazón. Porque esta fiesta tiene que ver con el Amor, entregado y presente.

Caminantes

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