Desde el Domingo de Resurrección vamos día a día desgranando lecturas que nos cuentan como los miembros de la primera Comunidad Cristiana van descubriendo o chocándose con la presencia de Cristo Resucitado. 

Leemos Emaús, mar de Tiberiades, nombre con sugerencias luminosas ¿Sabremos descubrir como Cristo se hace hoy el encontradizo con nosotros, por ejemplo en la calle de san Juan de Mata o haciendo la cola del DIA en el cruce de Villasandino con Villamanín…? ¿Lograremos sentir como arde nuestro corazón mientras hablamos con un hermano o comentamos la Escritura?

En los Hechos nos dice hoy que los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones…alababan a Dios. ¿San Lucas se está refiriendo a nosotros cuando oramos; participamos en la Eucaristía con viveza; o nos preocupamos por nuestros vecinos enfermos, ancianos, o los que están pasando necesidad ahora que es más complicado poder trabajar?

San Juan nos cuenta que los discípulos estaban en una casa con las puertas cerradas, por miedo. Hoy nosotros vivimos algo parecido: por el miedo al contagio, la enfermedad y la muerte. Cristo llama a nuestras puertas, a nuestros teléfonos y whasapp y nos dice: “Paz a vosotros…Recibid el Espíritu Santo”. Despertémonos y acojamos al Espíritu Santo y dejémosle actuar, que entre en nuestros corazones y nos transforme. Porque si le dejamos entrar, nuestra vida va a cambiar. Para esta conversión no hay edad, no es cosa solo para jóvenes, solteros o consagrados; estamos todos llamados. Y este momento en que nos da al Espíritu Santo los enlaza con el perdón de los pecados.

Y vemos a Tomás, que necesita mantener sus pequeñas certezas, sus seguridades, igual que nos pasa tantas veces a nosotros: si no veo, si no toco, si no palpo… Con nuestras comodidades, nuestras seguridades, el mundo se tambalea cuando algo nos hace descubrir nuestra fragilidad. Bienaventurados los que crean sin haber visto.  

Que continuemos viviendo la Pascua, orando,  dejando entrar en nuestras vidas al Espíritu Santo, y vivamos como hermanos, sin dejarnos atenazar por el miedo.

Caminantes

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