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Hay un eje que recorre las lecturas de hoy: la misericordia del Señor es infinita. Se apiada del Pueblo de Israel ante las palabras de Moisés, en ese caso, los judíos desagradecidos, ni siquiera pedieron perdón por su traición; las palabras de Moisés aplacan y anulan el justo castigo.

Nos dice san Pablo que Cristo de compadeció de él, porque no sabía lo que hacía y estaba lejos de la fe…y le salvó, sintiendo en su corazón el amor personal de Dios. 

En el Evangelio de hoy san Lucas nos habla de perdón y alegría. Pero las parábolas hoy nos hablan de Jesús. ¿Cómo entiende el Señor la misericordia? Hoy nos acompaña en el camino un enorme siervo de Dios, el cardenal Nguyen Van Thuan. Habló delante de San Juan Pablo II y de la Curia. Y vienen sus palabras a propósito:

“Lo he abandonado todo para seguir a Jesús, porque amo los defectos de Jesús.

Primer defecto: Jesús no tiene buena memoria…en la cruz, Jesús oyó la voz del ladrón a su derecha…te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso… La parábola del hijo pródigo… no solo perdona, incluso olvida que ha perdonado…

Segundo defecto: no sabe matemáticas. Lo demuestra en la parábola de las cien ovejas. ¡Para Él uno equivale a 99! Y quizá incluso más…

Tercer defecto: Jesús no sabe de Lógica: la mujer que pierde el dracma. Es realmente ilógico molestar a sus amigas porque ha perdido un dracma. ¡Y luego hacer fiesta para celebrar el hallazgo…y al invitar a las amigas ¡gastar más de un dracma! “Tomado del libro “Testigos de la Esperanza”.

Imaginemos por un momento que cada uno de nosotros es el dracma perdido. O que es la oveja perdida. No solo nos encuentran, el Señor hace una fiesta por nosotros y nos lleva en sus hombros. Si no hemos sentido esta protección, esta alegría, es que tenemos que reordenar nuestro corazón. Porque además siempre hay alegría en el cielo cuando nos reconciliamos.

¡Gracias Padre, porque nos acoges incluso en nuestros peores momentos!

Caminantes.

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