Reanudamos el camino después de las fiestas santas de la Navidad. Este año ha sido un poco diferente para un buen grupo de familias de la parroquia, al recibir visitantes de otros países. Estas y otras experiencias seguro que nos han reforzado espiritualmente. Pero si nos hemos dejado llevar por el consumismo, las reuniones familiares o de amigos, etc. Jesús no nos olvida. Hoy le vemos en una fila, haciendo cola junto a los pecadores. Está a nuestro lado cuando más le necesitamos. Cuando caemos en la cuenta de que así no es posible vivir en plenitud.

Aquellos hombres de entonces habían decidido cambiar sus vidas y se ponían en marcha con un bautismo de agua. Pero para cambiar el corazón tiene que estar Jesús a nuestro lado. Él, el Hijo de Dios, comienza su vida pública como su vida natural: en HUMILDAD. Ahora no hay pastores, solo pecadores, tú y yo… Y resulta que a Jesús le llega la fuerza del Espíritu no hablando, o escribiendo, o caminando, o curando… no. Le llega “MIENTRAS ORABA”.

 

Nuestras tareas más importantes ¿de verdad las comenzamos con la oración intensa? Y ¿qué sucede entonces? El cielo se abre. Nos hemos detenido aquí. Algunos nos imaginamos, una luz, un resplandor unido a un sonido evidente. Una manifestación física de la Trinidad. Otros, más la posibilidad de acercarnos al Cielo, a la Vida plena que nos estaba vedada, de comunicarnos con Dios. Seguro que son las dos cosas.

 

Una vuelta más. Aquellos hombres y mujeres se acercaban al Bautismo, pero nosotros ya estamos bautizados. Todos y cada uno sentíamos que teníamos que estar en la cola… pero del confesionario. Sin miedo, acompañados por Jesús, que ora por nosotros, que no nos quiere quebrar ni apagar. ¿Hace mucho que no nos confesamos? ¡Tenemos una gran oportunidad y seguro que una posibilidad de que se “abra el Cielo” también sobre nosotros! ¡Realmente somos bendecidos por Dios!

Caminantes.

Bautismo del Señor, 13 de enero de 2019

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