Aunque estamos en invierno, hoy las lecturas nos hablan de SED y calor.

El Pueblo de Israel tiene sed en su camino a la tierra prometida. Los israelitas se quejan a Moisés con cierta añoranza de la esclavitud. La pregunta “¿está el Señor entre nosotros o no?” es también actual.

En la historia de la samaritana vemos la sed de agua que tiene Jesús después de caminar un día caluroso, y también la sed que Jesús hace sentir a la samaritana, esa mujer que nos representa a cada uno de nosotros. 

Ella habla con Jesús al principio algo presuntuosa, pero las palabras de Jesús, su presencia, su majestad, su mirada amorosa abren una brecha en su corazón, la desarman… y claro que algo dentro de ella, que había bebido todos los brebajes del mundo, presentía y anhelaba beber esa agua, con la que nunca tendrá más sed.

Nosotros que vivimos tomando diferentes sucedáneos de Agua Viva, incluso embriagantes, en algún momento sentimos la sed de ella. También a nosotros Jesús nos hace sentir esa sed de Dios, de amor que todo lo llena.

Hay también otra sed en el corazón de Jesucristo: la manifiesta en la Cruz, lo oyó Santa Teresa de Calcuta, tiene sed de nosotros, de que le abramos nuestro corazón y de que lo abramos también a nuestros hermanos, en definitiva de nuestro amor.

En Romanos sentimos como nos invade el de amor de Dios, que ha sido derramado a nuestros corazones por el Espíritu Santo, como se derrama el agua de las crecidas.

Pedimos al Señor que sintamos la fuerza de su amor, su Agua Viva, que no nos dejemos engañar por otros bebedizos, que transforme nuestro corazón y nos convierta en canales para hacer llegar su amor a los hermanos, especialmente a los más necesitados de su divina misericordia. Queremos adorarte en Espíritu y en Verdad.

Caminantes.

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