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La lectura de Isaías es una lectura llena de esperanza y amor El profeta nos representa la generosidad, el gozo y la alegría del amor de Dios como una relación de los esposos o como la paternidad.

En la lectura de san Pablo vemos dones, carismas, diversidad, servicios…. pero un mismo Espíritu.. A veces nos cuesta aceptar las diferencias en nuestros hermanos, podemos llegar a no apreciarlas. San Pablo no habla de caprichos individuales ni egoístas, nos habla de manifestaciones del Espíritu para el bien común.

El domingo pasado el mismo Dios Padre confirmó la profecía de Juan el Bautista sobre quien se iba a bautizar en el Jordán: “Escuchadle” Hoy vivimos el primer milagro de Jesús y en él tiene un papel su madre: María.

Ella está pendiente de las necesidades de los novios en la boda y se lo dice a Jesús. Y Jesús le contesta con un aparente desdén, parece una escena familiar de una de nuestras casas. ¿Por qué la llama Mujer su propio hijo? Seguro que tiene que ver con su función: ella es la Mujer que rompe la maldición de otra mujer, Eva.

Da la impresión de que la “hora de Jesús” se adelantó y que se adelanta por la preocupación de María, que ya conoce muy bien quien es su hijo y cuánto amor alberga su corazón.

El vino no es un ingrediente más de la fiesta. Su falta hace quedar mal a los novios; también es alegría y fiesta y en algunos pasajes de la Escritura nos describen personas que cuando reciben el Espíritu Santo, están “llenas”, con una plenitud que parece que están embriagadas (Efe 5, 18; Hech 2,13).

Hemos aprendido que María está pendiente de los demás, vigilante y tiene una relación muy directa con Jesús. Hoy también María nos anima a estar atentos a las necesidades de las personas a nuestro alrededor; y nos pide “Haced lo que Él os diga”. Y ¿cómo podemos saber lo que Jesús nos pide? Tarea para reflexionar esta semana.

 

Caminantes.

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