Nuestro Padre Dios nos quiere

mar 10, 2018 por

Nos lo está diciendo y nos lo muestra cada día pero singularmente nos lo dice en las lecturas de este domingo. Desde los tiempos remotos de la de­portación del pueblo de Israel hasta por boca de Jesucristo y lo recuerda San Pablo. Ha liberado al pueblo elegido de su esclavitud por segunda vez, pese a toda la infidelidad y los errores e inclu­so crímenes cometidos. Pero le duele la situación, la lejanía y el sufrimiento de sus hijos. Y termina por enviar a Jesu­cristo. Para entregar su Vida por cada uno. Todo depende de este amor, de este dolor santo. ¿Qué podemos decir y hacer? Nuestras mejores obras no son nada si no tienen su origen en El. Nues­tras mejores palabras son huecas si no tienen su fuente en la Vida de Dios.

Hablamos este domingo de amor y de obras, pero fundamentalmente de Luz y de tinieblas. ¡Señor, tú eres nuestra lámpara! Porque como la luz, iluminas las sendas, per­mites reconocer tu rostro en los hombres y las mujeres que nos rodean, y nos das calor. Alrededor de la luz leemos tu Palabra, que a su vez es luz para la vida.

Hay oscuridad todos los días en el dolor, en el sufrimiento de los inocentes, en la injus­ticia con los desfavorecidos, en toda la Tierra y en todos los pueblos. Es una tiniebla densa y maligna, de la que somos más o menos responsables.

Y hay una oscuridad individual, también pegajosa, que sentimos muy familiar: nues­tros apegos, nuestras justificaciones, nues­tra esclavitud por cosas o personas, nuestro egoísmo, nuestra hipocresía… cosas todas que preferimos ocultar. No queremos mos­trarnos ante el Señor como somos. ¡Qué necesidad tenemos de aparentar! ¡Cómo nos fastidia sentirnos vulnerables! Por eso nos escondemos. Nuestra torpeza y tontería no tienen límites: ¿alguien piensa que el Señor no nos ve? ¿No conoce nuestros pensa­mientos e intenciones?

Vamos a repetir: “El Señor es mi luz mi salvación. Es la defensa de mi vida.” Hasta que se haga una respiración. Él es la Luz.

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