Casi siempre que aparece María en la vida de la Iglesia y en la historia de la fe, aparece el Espíritu Santo. Hoy es un día de esos que refuerzan esta idea.

Acude con su Hijo y su marido a cumplir la Ley. A ofrecer a su hijo y unas tórtolas, y luego toma a su niño y vuelve a casa. Pero este ofrecimiento, años más tarde no va a ser tan suave. Es el Espíritu Santo quien habla por boca de Simeón, para señalar que ese niño es Luz del Mundo, que es a quien hay que proteger hasta que sea adulto, y quien señala que el destino de María está unido de forma inseparable a su Hijo. Es difícil ver en una fiesta o acto sencillo y familiar la mano de Dios pero solo algunas almas especiales fueron capaces de verlo entonces y nos tememos que también ahora.

Simeón, aunque sea anciano, es un modelo para todos: hombre de fe, perseverante y esperanzado, dirigido y lleno por el Espíritu, distingue a los dos protagonistas Jesús y María. ¿Realmente veo a Jesús en los pequeños detalles de la vida? ¿Pido que el Espíritu me guíe?

El mundo actual necesita ver la Luz de Jesucristo que nuestra sociedad intenta ocultar de mil modos. No lo van a conseguir, no por nuestros méritos, sino por el brillo propio de Nuestro Señor. Pero nosotros tenemos una misión también, como Simeón y Ana: identificarlo y enseñarlo y hablar de El a todo el mundo. Esta lectura es otra llamada a la Evangelización. ¿Cómo andamos de “ardor misionero”?

Nuestra parroquia tiene muchos ancianos y personas mayores que por su fidelidad y fe nos recuerdan a Simeón y Ana. ¡Gracias por mantener viva la llama de la fe y la Luz,que nos trasmitis a los demás!

Caminantes.

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