Al comenzar la Cuaresma se nos propone el pasaje de las tentaciones de Jesús en el desierto. En la homilía de hoy nos explicaran este Evangelio con detalle. Pero hoy nos vamos a detener en la primera tentación y en su relación con nuestra forma de vida.

Las necesidades vitales de las personas, es decir, la comida, la bebida, el vestido, tener un techo donde vivir, son el principio de casi todo. Porque con miseria los seres humanos, de forma mayoritaria, nos trasformamos en fieras. En las condiciones extremas de un campo de concentración, un preso escribía que el mayor problema para un preso eran los otros presos, sus mismos compañeros de infortunio. Pero esta situación no es desconocida para Dios Padre, que a lo largo de todo el Antiguo Testamento y no decimos nada del Nuevo Testamento, va haciendo llamadas y casi gritos, para que acojamos al necesitado, para apoyar a los débiles, para no dejar a los hermanos en la estacada económica, para no abusar de su precariedad.

La tentación para nosotros es también crearnos necesidades, y centrar nuestra vida en necesidades artificiosas. No podemos prescindir de muchos bienes materiales: el confort de nuestras casas, ordenadores, móviles, televisiones, coches. Un personaje público llegó a decir que lo que más le molestaba de ser “pobre” era no tener crema hidratante para la cara

¿Pero alguien tiene otras necesidades? En concreto ¿alguno de nosotros se incomoda si no lee el Evangelio del Día? ¿Alguno siente dolor cuando no hay fervor o silencio en la capilla cuando pasamos delante del Sagrario? ¿Hemos sentido desgarro cuando vemos los pecados de la Iglesia, nuestra madre?

Nuestros primeros padres sintieron la necesidad de ser “como dioses”. Ellos sabían que no lo eran. Nosotros creemos que lo somos. Parece como si fuésemos más tontos, y estuviésemos aun más engañados que Eva.

Una pregunta para iniciar la Cuaresma: ¿Cuál es mi “necesidad” más profunda? ¿Es Tu Palabra Señor mío y Dios mío?

Caminantes.

Pin It on Pinterest

Share This