Cuando la Cuaresma va avanzando aparece este episodio de la Transfiguración. La riqueza de la Palabra de Dios hace que siempre haya nuevas inspiraciones. Repasamos algunas cosas:

.- El monte alto: los buenos y grandes mensajes de Dios se dan en montes, desde el Sinaí, hasta el Gólgota. ¿Es que quiere nuestro buen Padre que seamos alpinistas? ¡No! Es que para escucharle mejor se necesita aire limpio (sin contaminación de ruidos y agobios) y un poco de esfuerzo personal, no de atletismo, sino de vencer la comodidad y la rutina.

.-La nube brillante: si hay “nube” es que viene el Señor. No podríamos verle, quedaríamos ciegos si no estuviera algo velado. Pero es que “nos cubre con su sombra” ¡como a la Virgen María! Por tanto, como a ella, nos hace vivir una experiencia única: en nuestro interior se desarrollará el amor a Jesús, poco a poco pero de forma imparable.

.-La voz: se oye un mensaje muy parecido al que se oye en el Bautismo del Señor, que nos impele a escuchar. Escuchar al que según San Pablo nos llamó- nos llama- a una vocación santa, que nos supera, que no se apoya en nuestra fuerza. La vocación del amor que diría Santa Teresa de Lisieux.

.-El espanto. Tras una experiencia así, nos solidarizamos con los pobres apóstoles. Una manifestación así de la Trinidad es tan enorme que el cuerpo flaquea, caeríamos de bruces. ¿Y cómo no caemos de rodillas ante el pan convertido en el mismo Cristo en cada Misa? ¡Somos testigos de un milagro gigante a diario!

.-El mensaje “oscuro”. ¿Por qué Jesús no quería que contaran nada hasta después de la Resurrección? Conociendo la materia humana, seguro que muchos habrían dicho que los apóstoles estaban borrachos o enajenados. Pero igual es que esta experiencia debe servir para fortalecernos ante la Cruz, que va a venir seguro, para darnos esperanza en lo que va venir después.

PD: Hoy también se celebra el día de San Juan de Dios. Es de nuestra devoción. ¡Ruega por nosotros y por los enfermos!

Caminantes.

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