Las lecturas de este domingo nos han producido una sensación de paz, encontrábamos frases tan conseguidas, citas de oraciones, y nos evocaban momentos de la Eucaristía, en especial del Credo.

Esa celestial Sabiduría del Eclesiastés que emana del Padre, se nos hace presente, próxima en la figura del Verbo-Cristo y nos enseña dónde poner nuestra casa (tienda) y cuál ha de ser nuestra mejor heredad, dónde reside nuestro poder.

San Pablo nos dice que hemos sido elegidos para ser santos e intachables por el amor, para alabanza y gloria de la gracia de Dios. ¿Qué quiere decir esto para nosotros aquí y ahora? Plantearnos cómo ser santos no por nuestros conocimientos, ni por nuestra actividad sino por el amor, traducido en servicio, en humildad, en oración. 

Sigamos su ejemplo y pidamos unos por los otros en nuestras oraciones, dando gracias al Señor por nuestros prójimos, aunque a veces no sean de nuestro mejor agrado.

San Juan estaba lleno de emoción al escribir estos versículos magníficos con los que orar: “sin Él no se hizo nada de cuanto se ha hecho”, “vino a su casa y los suyos y no le recibieron, “les dio poder de ser Hijos de Dios” y muchos más.

Son palabras que anuncian la Palabra, el Verbo, que es como decirnos: Mirad, Dios se va a comunicar con vosotros desde ahora y para siempre con su Palabra, que es Jesús. No es una palabra dicha como un eco, es una persona de carne y hueso, que se expone a no ser recibida, a no ser escuchada, incluso a ser despreciada.

Todo esto es una realidad que nos sobrepasa: Luz, Vida, Verbo, Principio del tiempo, Dios, Jesucristo. No es un tratado de teología, es una exposición de la relación de Dios con nosotros, sus hijos. 

Ante esto solo nos queda contemplar, adorar, guardar en el corazón como la Virgen María y esperar a que de fruto.

Caminantes.

Pin It on Pinterest

Share This