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Este domingo V de Pascua nos hace reflexionar sobre el amor. Jesús es bien claro en la lectura del Evangelio: nos conocerán no por nuestras bellas ceremonias, no por nuestra preparación intelectual, no por los bienes que compartimos o disfrutamos… solo por el amor que nos tenemos unos a otros.

La pregunta que ha surgido es ¿qué es el amor? el Señor va haciendo pedagogía.

Primero nos propone a Pablo y Bernabé. Son testigos, infatigables con tanto ir y venir, que van hablando al mundo de la Salvación en Jesucristo. Esto es algo del Amor: anunciar al Señor sin miedo ni pereza, porque sabemos en lo hondo de nuestro ser que solo Jesús nos da la felicidad.

El Apocalipsis nos dice otra cosa más del amor: es consuelo, porque enjugará nuestras lágrimas. Es también novedad, porque “todo lo hace nuevo”, no se queda en la nostalgia de lo que tuvimos y perdimos, todo es un estreno si proviene de Jesucristo.

Y el Evangelio de hoy, tiene misterio. Acaba de salir Judas de la escena. No hay lugar en el Amor para la traición. Jesús podría haber sujetado a Judas, pero le deja libre. La libertad, “el mayor regalo que los Cielos hicieron al hombre” que dice Cervantes. Es un signo de amor admitir la libertad de los demás, de los hijos, de los amigos, del cónyuge, de los que nos rodean. Incluso si no nos gusta lo que hacen con ella.

Amor es también glorificar a Dios, es celebrar el aliento que pone el Padre en nuestra vida. Cinco veces habla Jesús de la Gloria en unas pocas frases. Amor por tanto también es celebrar juntos.

Amor es dar la vida por los amigos: no es un plato de gusto, pero es la prueba suprema de que Jesús nos ama. En nuestra pequeña escala, es un signo de Amor dejar nuestras comodidades por los demás.

¿Qué es entonces el Amor? Todo esto y más… En el fondo, la Eucaristía, la Palabra nos dan a conocer a Dios -Amor.

Caminantes.

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